Ayuda a tus hijos a controlar el miedo

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El miedo a la oscuridad, a ruidos estridentes como los truenos en la tormenta, a los animales, a separarse de sus padres cuando salen de casa o al iniciar los primeros días de escuela, puede provocar angustia y ansiedad durante algunas etapas del desarrollo de los niños.

Luego, al crecer, se enfrentan a otros, como la competencia entre equipos o concursos, hablar en público, presentar exámenes y relacionarse con compañeros del sexo opuesto.

Sin embargo, las experiencias que van adquiriendo con el tiempo a través de las relaciones sociales, la convivencia con animales y la naturaleza, vivencias diarias, les ayudan a controlar sus temores.

Al igual, los papás por su parte pueden colaborar a crear confianza en sus hijos al evitar comentarios y burlas de sus temores, al procurarles seguridad con abrazos o atención, al aplaudir o premiar sus logros, explicando la diferencia entre la realidad y la fantasía, entre otras cosas.

Sin embargo, para los niños especialmente ansiosos, superar estas etapas no les resulta fácil; ellos lucen inseguros, se preocupan por situaciones que pudieran o no suceder, tienen temor de enfrentar nuevos retos, de equivocarse, y todas esas preocupaciones los agobian.

RECONOCE LAS SEÑALES

Los niños manifiestan cómo se sienten de diversas maneras, a través de su conducta, emociones y con el lenguaje de su cuerpo. Es tarea de los adultos descifrar las pistas en sus ojos, movimientos del cuerpo o tono de voz e identificar cuáles son sus necesidades, si algo les molesta, preocupa o atemoriza.

Algunas señales que los niños llegan a mostrar al estar angustiados son dolor de estómago o cabeza, llanto, sobresaltos, náuseas, manos que sudan, apatía, o bien inquietud y frustración.

En el caso de los jóvenes, se perfila una constante en los trastornos de ansiedad. Ellos no tienden hablar de sus miedos; prefieren dar otras excusas para justificar su conducta.

REMUEVA LOS OBSTÁCULOS

La ansiedad forma parte de la vida del ser humano e intentar evitarla es imposible. Lo que sí es posible es desarrollar habilidades o estrategias que ayuden a los hijos a enfrentarla.

Lo más importante es estar atento cuando estas condiciones les representan un gran obstáculo para su desarrollo integral, debido a que les provocan sufrimientos, pues las manifestaciones de su conducta vienen acompañadas de fobias, ansiedad excesiva o incontrolable, mismas que por su magnitud afectan sus relaciones sociales, el desempeño académico y desarrollo de la autoestima.

Distinguir entre un evento pasajero que le genera ansiedad al niño y la presencia de un trastorno que le provoca sufrimiento, a veces se complica o pasa inadvertido para los adultos que rodean al niño, por el desconocimiento de que los trastornos de ansiedad no son ajenos a la vida de los niños y jóvenes, y también por el desconcierto que esta situación genera en los padres, a quienes les resulta difícil entender que al hijo que se le provee toda la atención y cariño padezca un trastorno de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad por lo general se relacionan con factores genéticos, biológicos y otros aspectos sociales y familiares.

El tratamiento para estos casos puede ser desde psicoterapia individual, terapia o asesoría familiar, hasta medicamentos, modificación de la conducta u otras alternativas.

VARIEDAD DE TRASTORNOS

Las fobias son miedos persistentes y excesivos que limitan a la persona a funcionar en sus actividades diarias.

Los niños pequeños expresan sus miedos a todo pulmón, lloran, gritan y hacen berrinches, se muestran retraídos y se refugian en el adulto.

La fobia social la reflejan en la dificultad de convivencia en la escuela con sus compañeros y maestros, se niegan a hablar en público, evaden las actividades sociales con sus compañeros, les da temor extremo estar en situaciones en las que pueden ser observados y juzgados.

La ansiedad de separación es común a cierta edad, sin embargo, se manifiesta en los mayores con la negación a ir a la escuela, cuando evitan situaciones sociales como ir a casa de los amigos, la preocupación en exceso al salir de casa o separase de los adultos que los cuidan, y esto les produce un miedo irracional de que algo malo les pueda suceder.

La ansiedad generalizada se refleja en el niño con la preocupación exagerada por diversas cosas a la vez (hechos pasados y futuros). Sus temores tal vez no tengan causa que los justifique, como estar ansioso por cosas que no han sucedido, pero que pudieran suceder.

Estos niños se sienten inseguros, preocupados y solicitan aprobación constante de sus compañeros y familiares.

Otro trastorno es el obsesivo compulsivo, que se caracteriza por presentar pensamientos recurrentes que les producen inquietud, miedo o agitación (obsesiones) y se ven manifestados en la necesidad incontrolable de realizar acciones repetitivas (compulsiones) que les ayudan temporalmente a disminuir esa ansiedad.

Algunos ejemplos de obsesiones son la preocupación por la limpieza o el orden, miedo a hacerse daño o a que le hagan daño, contar objetos, abrir y cerrar puertas, revisar algo constantemente y lavarse las manos repetidamente.

El trastorno postraumático de estrés se relaciona con vivencias de un evento traumático de su pasado (violencia familiar, accidentes, catástrofes, etc.) y se puede reflejar en la distracción o ausencia (disminuye el interés por las actividades que antes disfrutaba) debido a los recuerdos de la vivencia o trauma que aún le preocupan y le generan ansiedad.

En estos casos es común que se presenten pesadillas o que a través del juego recree su experiencia.